En los últimos años, Córdoba ha sido testigo de una situación alarmante que amenaza gravemente la vida y la seguridad de los líderes campesinos y defensores de derechos humanos. El Clan del Golfo, conocido por su implicación en el narcotráfico y su historial de violencia, ha declarado como objetivo militar a todos aquellos que no formen parte de sus organizaciones sociales, entre ellos están los líderes de las asociaciones campesinas ASCSUCOR, ASODECAS Y CORDOBERXIA.
El Clan del Golfo o Autodefensas Gaitanistas como se hacen llamar ahora, están librando una batalla para extinguir a las organizaciones campesinas, bajo el pretexto infundado de que son marxistas-leninistas y tienen vínculos con grupos guerrilleros. Esta forma de actuar del Clan del Golfo, deja claro que son un grupo narco paramilitar y que actúa igual que los paras de Carlos Castaño, que bajo el pretexto de una diferencia ideológica asesinó a centenares de Colombianos; ahora pretende convertirse en una organización armada que defiende los intereses de los campesinos, lo que es una grave amenaza para aquellos que ya han sufrido atropellos, desplazamientos y la pérdida de seres queridos.
Es innegable que la violencia y el narcotráfico han dejado profundas heridas en la sociedad colombiana,sin embargo, en lugar de trabajar en pro de la paz y la reconciliación, el Clan del Golfo ha decidido expandir su influencia y poder a través del miedo y la violencia indiscriminada. A lo largo de los años, miles de personas han perdido la vida a manos de esta organización criminal, dejando una estela de dolor y sufrimiento en las comunidades afectadas.

Ahora, el Clan del Golfo busca ganarse el apoyo de los campesinos que han sido víctimas de su actuar criminal y la negligencia estatal, su estrategia no es la de proteger y luchar por los derechos de los más vulnerables, sino más bien aprovecharse de su situación para aumentar su control y dominio. Acusar a las organizaciones campesinas de ser marxistas-leninistas y guerrilleras es un intento infundado de justificar sus acciones y deslegitimar la labor invaluable que han realizado en la defensa de los derechos humanos y la construcción de comunidades más justas.
Es necesario y de mucha urgencia que las autoridades competentes tomen medidas para garantizar la seguridad de los líderes y sus comunidades. No podemos permitir que la violencia se imponga sobre aquellos que buscan un cambio positivo en sus regiones. Es responsabilidad del Estado proteger a quienes defienden los derechos humanos y promover un ambiente propicio para su trabajo.
Es hora de que la comunidad internacional y las autoridades colombianas se unan para proteger a aquellos que han dedicado su vida a la defensa de los derechos humanos y la justicia en Córdoba. No podemos permitir que el miedo y la violencia silencien las voces de aquellos que luchan por un futuro mejor para sus comunidades.

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