Columna de opinión: Por Yamir Jhan Pico, la cual no representa la línea editorial de Caribe Noticias 24/7
En Montelíbano y Puerto Libertador ya no gobiernan las autoridades: gobierna el miedo. Un miedo que se cuela en los cajeros automáticos, que acecha desde la sombra de una motocicleta sin placa y que se convierte en paisaje cotidiano cuando una moto desaparece sin dejar rastro.
La capital niquelera de Colombia, conocida por su riqueza minera, hoy parece víctima de otro tipo de explotación: el crim3n urbano. El robo de motocicletas como herramienta de ingreso para cientos de familias trabajadoras se ha normalizado tanto que ya ni siquiera escandalizan. A diario circulan videos en redes sociales donde los delincuentes se llevan los vehículos ante la mirada impotente de sus propietarios, mientras las autoridades permanecen inactivas.
Y el problema no se detiene ahí. Los bancos en Montelíbano se han convertido en zonas de alto riesgo. Ciudadanos que retiran tan solo unos millones de pesos son “marcados” como presas por criminal3s 4rmados que los interceptan a pocos kilómetros. Un caso reciente terminó con un joven gravemente herido, trasladado a Medellín con pronóstico reservado. ¿Parte oficial? No existe. Como siempre.
En Puerto Libertador ocurre lo mismo: se roba seguidamente, sin control ni respuesta. Hurto de motos y atracos económicos se han vuelto sistemáticos, descarados, selectivos. Las víctimas ya no denuncian: saben que la Fiscalía actúa como un archivo de frustraciones. Las denuncias sobreviven el tiempo, los casos se enfrían y los delincuentes siguen libres.
Un ciudadano, víctima del robo de su motocicleta la cual era su herramienta de trabajo me relató entre lágrimas: “¿Para qué voy a denunciar? Es perder el tiempo. La Fiscalía y Policía nunca hacen nada. Mi familia y yo somos quienes realmente sufrimos este drama: seguíamos pagando por un vehículo que ya no tenemos.”
Las cifras oficiales aún subestiman la violencia. En Montelíbano, hasta mediados de 2025 ya se han registrado 18 motocicletas hurtadas, según un informe policial reciente. Las autoridades de Puerto Libertador aún no publican datos concretos, pero la percepción ciudadana es clara: los subregistros son altos y la confianza en las autoridades es baja.
Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿Dónde está la Policía? ¿Dónde están los operativos? ¿Las investigaciones? ¿Las ruedas de prensa? ¿Las capturas? La respuesta es un silencio atronador. Un silencio que escuchan cada día los habitantes de estos municipios cuando preguntan: ¿quién nos cuida? La verdad incómoda, es que nadie lo hace.
Montelíbano y Puerto Libertador no necesitan más discursos ni mesas de seguridad llenas de fotos institucionales. Necesitan resultados concretos. Necesitan saber que si una moto desaparece, alguien la busca. Que si un joven cae herido, hay una investigación real. Que si un 4tracador acecha un banco, hay una patrulla cerca. Necesitan vivir sin sentir que cada esquina podría ser su sentencia.
No es solo una cuestión de seguridad: es una cuestión de dignidad.
















