Cuando estaba en el proceso de formación como psicólogo en la universidad, tenía un docente muy particular, se caracterizaba por su empeño por enseñar a sus estudiantes sobre la corriente humanista existencial. En una ocasión me recomendó un libro, extraño y difícil de entender, pero con el tiempo, la experiencia me fue explicando.
El libro se llama “Un Viaje a Ixtlán”, de Carlos Castaneda, publicado por primera vez en 1972. Relata una aventura que vivió el autor (Castaneda) mientras investigaba los efectos del peyote (un potente alucinógeno famoso en la costa oeste de Estados Unidos durante los años 60 y 70) con un brujo que vivía en la frontera entre México y California.
Dentro de la obra se encuentran varios capítulos que van narrando el proceso de convertirse en brujo o maestro de los saberes de la naturaleza, entre esos, se encuentra un capítulo que puede ser polémico e hiriente; pero visto desde otra perspectiva, logra sanar y brindar una herramienta poderosa para quien lo aplica; se llama “perder la importancia”.
En este apartado el brujo le explica al autor sobre lo relevante que era dejar de creer que él era importante en el mundo, que su presencia, opiniones o forma de ver la vida eran únicas y transcendentales para las personas o cosas que lo rodean, y si quería aprender de la vida, el peyote y acceder a un conocimiento superior, tenía que dejar de pensar que él era el centro del mundo, que la humanidad y la naturaleza no lo necesitaban para nada, era una simple gota de agua en el mar, no somos relevantes para nada en este sistema planetario, para el orden del mundo y las leyes del universo
Desde esa perspectiva un poco agresiva, debemos desprendernos de todo papel de protagonista en esta historia, no ser los salvadores del mundo, y menos suponer que somos un ser con poderes especiales. Lo mejor que podemos hacer es aceptar nuestra ignorancia ante el conocimiento, adoptar una posición humilde frente a los demás, ante el mundo y la forma en que suceden las cosas.
Si creemos que somos importantes, entonces nuestros problemas son importantes, y nos desconectamos de los demás, del entorno que nos rodea, y sobre todo de las oportunidades para aprender y ayudar al mundo.
Por otra parte, existe dentro de la psicología una corriente lógica y moderada, que es revolucionara por sus planteamientos más científicos y estadísticos, se llama enfoque cognitivo. Este enfoque no le llama “perder la importancia” sino que usa un nombre más científico y académico, lo llama “Distorsión cognitiva de personalización”; en palabras castizas, es pensar que todo lo que sucede a nuestro alrededor nos afecta o tiene que ver con nosotros.
Cuando tenemos esta distorsión experimentamos pensamientos que no son compatibles con los hechos que pasan a mi alrededor, el clásico ejemplo de ir por la calle y ver alguien riéndose a carcajadas y pensar que se está riendo de mí, asumir que eso es real trae consecuencias emocionales; vivimos aburridos y molestos con todo el mundo porqué creemos que todo lo que pasa tiene que ver con nosotros, pero la realidad, es que la mayoría de las personas no viven pensando en nosotros, tienen sus propios problemas, y las historias de terror que nos imaginamos en nuestra cabeza solo nos afectan a nosotros.
Asumir con humildad que estamos aquí de paso y hacemos parte de un mar de personas nos libera de las decepciones, dejamos de esperar cosas de las personas, aunque a veces podamos sentir soledad, pero te libera de ideas irracionales que te lastiman y te vuelven poco empático y egotista con el mundo que te rodea.
No soy importante te libera de las falsas esperanzas, te ayuda a poner un granito de arena para ayudar a los demás, y sobre todo te das cuenta que solo te tienes a ti mismo, que debes cuidarte, amarte y aceptar que no eres perfecto. Cuando esto se alinea y lo ponemos en práctica, muchas cosas pueden mejorar en nuestra vida.

“Las opiniones de los Columnistas en este medio no comprometen a Caribe Noticias 24/7 ni a sus dirigentes, son responsabilidad exclusiva de sus autores”

















