El pasado 25 de junio, un vuelo partió desde El Dorado en Bogotá con al menos 50 jóvenes colombianos a bordo con destino a Ucrania, desatando la alerta de la Cancillería y Migración Colombia. Todos tienen entre 20 y 22 años, muchos de ellos recién terminados del servicio militar obligatorio, y su propósito sería sumarse a la guerra en Europa del Este.
Aunque su documentación migratoria cumplía los requisitos, lo que preocupa a las autoridades es que viajen con la intención de combatir en una guerra extranjera. Según fuentes gubernamentales, “no existe impedimento legal”, pero sí inquietud por la “salida masiva” organizada de un grupo tan numeroso y con un objetivo común.
Esta situación no es aislada: desde 2022, la Cancillería ha documentado más de 50 víctimas colombianas en el conflicto, y han sido atendidas cerca de 300 solicitudes de connacionales que desean salir o fueron evacuados de Ucrania . La mayoría serían exmilitares reclutados por intermediarios, especialmente a través de redes sociales.
El Gobierno ha sido enfático: no promueve ni facilita estos viajes voluntarios. En su lugar, ofrece asistencia consular a quienes resultan heridos o fallecen . Sin embargo, casos como el de Miguel Ángel Cárdenas Montilla, exintegrante de la Policía capturado por el ejército ruso y quien acusó engaños sobre las condiciones del combate, han reavivado el debate.
En medio del desempleo y la falta de opciones, estos jóvenes estarían aceptando misiones peligrosas a cambio de dinero o falsas promesas. Y aunque no se ha confirmado un reclutamiento oficial ni la intervención de empresas privadas, el fenómeno se agrava y preocupa.
















