En la entrada de Puerto Libertador, una de las principales vías de acceso a la ciudad, los huecos en la carretera se han convertido en un peligro latente que amenaza la seguridad de todos los que la transitan. Los baches, que durante años han sido un problema menor, han alcanzado dimensiones alarmantes, convirtiéndose en una trampa mortal que ha causado varios accidentes graves, incluyendo la trágica muerte de un joven motociclista. Cada día, conductores y peatones, especialmente los niños en horarios escolares, deben enfrentarse a este terreno peligroso, donde el riesgo de sufrir un accidente es constante.

La situación en la entrada de Puerto Libertador es un ejemplo doloroso del fracaso del actual gobierno municipal, que llegó al poder prometiendo un “cambio” radical y mejoras inmediatas. Durante la campaña electoral, se garantizó que la infraestructura del municipio, incluyendo la carretera deteriorada, sería reparada sin demora. Sin embargo, desde que asumieron el cargo, las promesas han quedado en palabras vacías. Ni un solo hueco ha sido reparado y la ausencia de regulación para el tránsito de vehículos pesados ha exacerbado el deterioro, dejando la carretera en peores condiciones que antes.

Pero el deterioro no se limita a la carretera. La Alcaldía Municipal, que debería ser el símbolo de gestión y eficiencia, está en un estado igualmente deplorable. La sede de la administración local, lejos de reflejar progreso y compromiso, muestra signos claros de abandono. El letrero de bienvenida a Puerto Libertador, una vez un orgullo local, está deteriorado y olvidado, un triste recordatorio del descuido que también afecta a las calles de la ciudad. Si la “casa” del gobierno está en tan malas condiciones, no es sorprendente que los problemas de infraestructura no se estén abordando adecuadamente.

La actual administración se enfocó en campaña en criticar a las anteriores, prometiendo un cambio radical que, al parecer, no ha llegado. En lugar de mejorar la situación, han repetido errores y han demostrado ser aún peores que sus predecesores, incumpliendo las expectativas de transformación que habían generado.

La creciente frustración de los residentes es palpable. “¿Dónde está el dinero destinado a las obras? ¿Estas eran las obras prometidas por el gobierno del cambio?” cuestionan con indignación. Las promesas de campaña han demostrado ser una ilusión, y la comunidad está esperando por respuestas. La falta de acción ha llevado a una situación donde el riesgo y el abandono son el pan del día a día.

La reparación de los huecos y la regulación del tránsito de vehículos pesados deben ser priorizadas para garantizar la seguridad de todos los residentes, especialmente de los niños que transitan por la zona. Las promesas electorales deben ser cumplidas con acciones concretas que aseguren una mejora real en la infraestructura de Puerto Libertador y que ofrezcan a sus ciudadanos la protección y el bienestar que merecen.

















