Ana María Ochoa, esposa de “El Tavo”, sufrió una isquemia Cerebral; desde ese día tras quedar en coma por dos meses empezó una historia de lucha y perseverancia.
La historia de Gustavo Sequeira Rivera es una crónica de amor y lucha que se remonta a sus días de juventud en Granada, Nicaragua. Este hombre de espíritu extrovertido y amigable, siempre tuvo una gran pasión por la cocina, sin embargo, estudió Veterinaria. Fue gracias a su afición por la gastronomía que Gustavo, “El Tavo”, decidió seguir su verdadera pasión y convertirse en cocinero.
Fue entonces cuando su vida tomó un giro inesperado, gracias a la magia de internet y a una hermosa colombiana llamada Ana María Ochoa, con la que se conectó por mensajes en línea. Después de siete meses de intercambiar mensajes de amor y amistad, Gustavo decidió hacer un viaje a Medellín para encontrarse con la mujer que lo había cautivado.
El camino hacia el éxito de “La Parrilla D’tavo”
Ana María, una joven de 23 años, acudió al Aeropuerto de Río Negro con gran ilusión para recibir a Gustavo, y así comenzar su historia de amor en la ciudad de Medellín. Después de vivir juntos durante cinco meses, la pareja decidió mudarse al Corregimiento de Río Verde, en la zona rural del municipio de Puerto Libertador, Sur del Departamento de Córdoba, donde vivían los padres de Ana María.
La vida en el corregimiento de Rio Verde fue una experiencia enriquecedora para Gustavo, que aprendió mucho de las costumbres y tradiciones de la región, sin embargo, en el año 2009, la pareja decidió trasladarse a Bogotá para buscar nuevas oportunidades de trabajo. Allí, trabajaron juntos durante seis años, hasta que en 2015, decidieron regresar a Puerto Libertador para emprender su propio negocio de comidas rápidas y venta de pollo broaster, La Parrilla D’tavo, el cual fue todo un éxito, donde Gustavo y Ana María trabajaron largas horas para sacar adelante su emprendimiento.

La vida te cambia en un instante
En el mejor momento económico, donde Gustavo y Ana María sentían que todo iba de maravilla, la vida les tenía preparada una difícil prueba. Ana María sufrió una Isquemia Cerebral una semana después de dar a luz a su hija Martina, lo que la dejó en coma durante dos meses.

Para “El Tavo”, la vida se detuvo en ese momento, dejando todo a un lado para cuidar de su amada esposa. Fue un periodo de gran incertidumbre y dolor, en el que la familia de la pareja se mantuvo unida, orando por su recuperación y luchando juntos en la batalla contra la enfermedad.
A Luciana, la hija mayor de Gustavo y Ana María, con tan solo 10 años de vida, le tocó cambiar sus horas de juego y descanso luego del colegio para aprender a cuidar a su mamá mientras papá retomaba el negocio con el que subsistía la familia.
La esperanza en medio de las dificultades
Martina, ya tiene 6 años, Luciana 16 y las dos hacen equipo con papá para cuidar a la reina de la casa. Ana María, quizás también piense que luchar por su vida vale la pena solo por ver sonreír a Luciana, Martina y a Gustavo.

Ana, poco a poco se fue recuperando, pero su vida nunca volvió a ser la misma. Hoy, sigue luchando con terapias que su esposo tiene que pelear con su EPS, soñando con algún día volver a caminar y volver a esos días donde trabajaba por largas jornadas junto a Gustavo.

Alguien tiene que alzar la voz por las personas en condición de discapacidad.
“El Tavo”, como le decimos sus amigos, es ahora un defensor de las personas en condición de discapacidad en el municipio de Puerto Libertador que lucha incansablemente para que tengan acceso a los medicamentos, tratamientos y demás artículos necesarios para llevar una vida digna. Él y Ana María han pasado por muchas dificultades en su vida, pero su amor sigue siendo su fortaleza.
Amor y arraigo por una tierra que luego de 16 años también es su tierra.

Este hombre, que ha vivido por más de 15 años en Colombia y gran parte en el municipio de Puerto Libertador, es ahora más cordobés que el porro, y más mamador de gallo que cualquier bijagüero, quien tenga oportunidad de conocerlo y tratar con su espontánea forma de hablar, muy difícilmente notará su origen Nicaragüense.
A pesar de todas las dificultades, Gustavo afirma que no se arrepiente de nada. Si tuviera una máquina del tiempo, volvería a tomar la misma decisión, aunque eso implicara pasar por todo nuevamente.

Y es que, para Gustavo, Ana María es el amor de su vida, un amor que ha enfrentado grandes pruebas, pero que sigue más fuerte que nunca. Juntos, han construido un hogar lleno de amor, paciencia y perseverancia; Y aunque el camino no ha sido fácil, Gustavo, Ana María, Luciana y Martina siguen firmes.
Las crónicas del Tío Jhan…
















