Íngrid Johanna Arroyo, de 43 años, se encuentra en estado crítico tras ser atropellada por una camioneta conducida por un menor de edad el pasado martes 7 de enero en el barrio El Recreo, Montería. La mujer, madre de tres hijos, sufrió múltiples fracturas y está a la espera de una intervención quirúrgica de alta complejidad, mientras su pronóstico sigue reservado.
Familiares de Íngrid han denunciado amenazas contra los testigos del accidente, entre ellos miembros de la Unidad Nacional de Protección (UNP) que presenciaron los hechos mientras prestaban servicios a un mandatario. Según José Luis y José de la Cruz Arroyo Jiménez, hermanos de la víctima, estas intimidaciones buscan evitar que los testigos declaren ante las autoridades.
“Pedimos en nombre de nuestra familia que se atrevan a hablar, ellos vieron todo, incluso cómo la camioneta primero atropelló a la mascota de los hijos de Íngrid”, expresó José Luis Arroyo. Por su parte, José de la Cruz hizo un llamado a la justicia: “Hoy les pedimos de corazón como familia que esto no quede impune y que denuncien por favor a esa persona”.
La familia también cuestionó la lentitud del proceso judicial, ya que hasta la fecha ni el menor de edad responsable del atropellamiento ni sus padres han sido presentados ante la Fiscalía. Los hermanos de Íngrid señalan que los padres del joven mintieron al no entregarlo a las autoridades el miércoles, como lo habían anunciado.

Estado crítico de salud
Íngrid Johanna, exjefe del Sisbén en Montería, continúa en estado delicado. Su hermano José Luis detalló que requiere una cirugía para estabilizar la pelvis, pero la complejidad de la fractura, que compromete el sacro y el canal medular, ha retrasado el procedimiento, el cual debe realizarse en Bogotá. “Estamos preocupados porque esto podría causarle limitaciones irreversibles. Pedimos a Dios que no afecte su movilidad”, afirmó.
Además de la fractura en la pelvis, Íngrid presenta lesiones en el tórax, fracturas en las costillas, tibia y peroné, una vejiga y uréter reventados, y hemorragia interna que afecta tejidos blandos.
El impacto emocional también ha sido devastador. El hijo mayor de Íngrid presenció el accidente y, según la familia, no logra dormir bien, preguntando constantemente si su madre sigue con vida.
















