En Puerto Libertador, la falta de atención a las necesidades deportivas de la comunidad se ha convertido en un asunto alarmante. A pesar de que ha pasado más de medio año desde que se anunciaron mejoras para el estadio municipal, los residentes aún no han visto avances significativos. Este descuido es especialmente preocupante en un municipio que carece de espacios deportivos adecuados.

Actualmente, Puerto Libertador solo cuenta con dos canchas: la Emilio Urrea y la 7 de septiembre. La primera, que debería ser un punto de encuentro para la juventud local, está completamente desprovista de iluminación y requiere un mantenimiento urgente. La segunda cancha, utilizada principalmente para eventos religiosos, culturales y deportivos, no satisface las demandas de la creciente población joven interesada en el fútbol.

Este déficit de infraestructura deportiva está afectando gravemente a los clubes locales que entrenan a niños en formación. Con solo dos canchas disponibles y una sin iluminación, los entrenamientos se vuelven una tarea ardua y a menudo se cancelan debido a la falta de espacio. Es inaceptable que los jóvenes deportistas se vean obligados a buscar canchas improvisadas, algo que debería ser una responsabilidad de la administración municipal, no de la comunidad.
Hace meses, el señor Ramón Rubio visitó el estadio y prometió que las obras para habilitar el espacio comenzarían pronto. Por otro lado, la señora Diana Rubio, sobrina de Ramón y quien fue candidata a la alcaldía de este municipio, prometió en su campaña electoral que el estadio estaría operativo en su primer año. Si bien es lógico suponer que Diana Rubio se unió a la campaña de su tío para trabajar en objetivos comunes, hasta el momento, los avances en el sector deportivo han sido prácticamente nulos.
Este vacío en la gestión plantea la pregunta crítica: ¿Dónde está el mantenimiento de las otras dos canchas? Los jóvenes de Puerto Libertador tienen acceso solo a una cancha por la noche, lo que limita enormemente sus oportunidades de entrenar y jugar. La falta de iluminación en la cancha Emilio Urrea ha sido ignorada durante nueve meses, y la administración municipal parece no haber notado el problema.

Como se ha señalado en numerosas ocasiones, el enfoque debería estar en encontrar soluciones en lugar de señalar culpables. La administración actual se ha basado en criticar a las gestiones anteriores, pero ahora que tienen la responsabilidad, la pregunta es clara: ¿Dónde están sus obras y compromisos? La campaña se centró en resaltar los errores del pasado, pero ahora es el momento de demostrar con acciones concretas que pueden cumplir sus promesas.

La situación se agrava aún más con la ausencia de la Alcaldesa (e) María Camila Zúñiga, quien parece limitar su presencia a eventos sociales, dejando de lado las necesidades apremiantes de la comunidad. ¿Es la alcaldesa solo una figura en eventos o realmente está comprometida con los problemas de Puerto Libertador?

Es crucial que la administración municipal tome medidas inmediatas para abordar estas deficiencias y brinde a los jóvenes de Puerto Libertador el acceso a instalaciones deportivas adecuadas. La falta de acción no solo afecta el desarrollo de los jóvenes, sino que también refleja una falta de compromiso con las verdaderas necesidades del municipio. La comunidad merece respuestas y soluciones concretas, y el tiempo para actuar es ahora.

















