La voz que alguna vez hizo suspirar al país con canciones como “Un disco más” y “Ódiame” ahora retumba en los titulares de prensa por razones muy distintas. Carlos Alberto Sánchez Ramírez, más conocido como Charlie Zaa, enfrenta una tormenta judicial luego de que la Fiscalía General de la Nación solicitara medidas de extinción de dominio sobre bienes avaluados en más de 25.000 millones de pesos.
Según el ente acusador, el cantante habría servido como presunto testaferro de alias Daniel, el temido comandante del Bloque Tolima de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), asesinado con cianuro en la cárcel La Picota en 2005 en medio de vendettas internas.
Entre las propiedades señaladas destacan el Centro Comercial Oasis en Girardot donde funciona la popular discoteca del mismo nombre, así como las discotecas Kapachos y Solaris en Ibagué, además de varios hoteles y locales comerciales.
La Fiscalía sustenta su acusación en testimonios de exparamilitares como Ricaurte Soria, quien afirmó que un primo de Charlie Zaa visitaba regularmente a alias Daniel en prisión para entregarle cuentas mensuales de las discotecas. Estos bienes, según los testigos, habrían sido adquiridos con dineros procedentes de actividades ilegales como homicidios por encargo, robo de hidrocarburos y extorsiones.
La noticia ha generado un fuerte impacto en la opinión pública, no solo por la magnitud de los bienes implicados, sino por el contraste entre la imagen romántica del artista y la brutal realidad de las estructuras criminales con las que se le relaciona.
Hasta el momento, ni Charlie Zaa ni sus representantes han emitido un pronunciamiento oficial sobre las acusaciones. Sin embargo, la Fiscalía avanza en el embargo y secuestro de las propiedades mientras se determina si hay méritos para llevar el caso a juicio.
















