Las comunidades indígenas cercanas a la mina Cerro Matoso, en Montelíbano, enfrentan una crisis de salud alarmante. Tres recién nacidos han llegado al mundo sin ano y uno más presenta ausencia de genitales. Además, de 36 embarazos reportados, 14 terminaron en abortos espontáneos. Las deformaciones congénitas, como el labio leporino y la piel descamativa, se han vuelto comunes, dejando un futuro incierto para la población.

Desde su llegada en los años 60, cuando un extranjero conocido como ‘Mister Jama’ comenzó a explorar la zona, Cerro Matoso ha transformado radicalmente el entorno. Lo que empezó como una búsqueda de oro pronto se reveló como una mina rica en níquel, con la explotación formal comenzando en 1979. A medida que la extracción se intensificó, los habitantes comenzaron a sufrir problemas respiratorios, atribuyéndolos a condiciones locales. Sin embargo, investigaciones recientes han establecido un vínculo directo entre la contaminación y el deterioro de la salud en la región.

La situación se agravó en la década de 1990, cuando la empresa empezó a procesar el níquel en la misma mina, liberando gases tóxicos que contaminaron el aire y las fuentes de agua. Estudios han documentado un aumento alarmante en los casos de cáncer y enfermedades respiratorias entre los trabajadores y residentes.
Líderes en representación de más de 3,500 familias, han solicitado reuniones con los directivos de la empresa para discutir medidas que mitiguen el daño ambiental y la salud pública. Sin embargo, Cerro Matoso ha continuado operando sin asumir responsabilidad, generando ganancias millonarias a costa del bienestar de la comunidad.

Mientras la lucha por justicia avanza, la amenaza de más enfermedades y la pérdida de su hogar sigue pesando sobre los habitantes de Montelíbano, quienes demandan una respuesta urgente y responsable de Cerro Matoso y del gobierno.
La crisis de salud que enfrentan las comunidades indígenas cercanas a la mina Cerro Matoso no es un fenómeno nuevo; se ha gestado a lo largo de décadas. Desde la llegada de la mina, los problemas de salud han ido en aumento, y aunque las autoridades han documentado las consecuencias de la contaminación, la respuesta ha sido insuficiente.

A medida que los años han pasado, las enfermedades han proliferado, y la comunidad ha visto un incremento en casos de deformaciones congénitas, cáncer y enfermedades respiratorias. La falta de acción efectiva por parte de la empresa y el gobierno ha perpetuado esta situación, dejando a los habitantes atrapados en un ciclo de sufrimiento y abandono. Hoy, la realidad que viven es un reflejo de años de negligencia y falta de atención, con un futuro cada vez más incierto para la población afectada.
















